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27/2/17

Malas Pécoras, breve lamento por un buen pub

Lo malo hoy en día no es que cierre un pub agradable, posiblemente sea el que sea seguirá allí, con el mismo nombre, regido por otras personas que incluso pueden llegar a hacerlo mejor que los anteriores propietarios, no obstante, no cabe duda de que algo perderá, sobre todo cuando lo han logrado dotar de una gran personalidad, en él se diluirán recuerdos y buenos momentos vividos por muchas personas, recuerdos que quedan en la mente de quienes lo disfrutaron y que quizás no vuelvan a vivirse, pero la vida es así, todo pasa y todo queda -dijo Machado- y lo nuestro es pasar, si además dejamos un buen recuerdo en otras gentes ¿qué más podemos pedir?

No vivo en Santiago de Compostela, así que realmente no fui muchas veces por el Malas Pécoras, un nombre que así, a bote pronto, puede echar un poco para atrás, más aún si lo ves escondido, casi imperceptible, en un rincón de la pequeña y empedrada plaza compostelana de la Algalia de Abaixo. En el pequeño rótulo de entrada, invitando y a la vez casi desafiando la gran Marlene Dietrich, la mujer fatal por excelencia del cine clásico y eterno. Esa María que en Fatalidad se convierte en la espía X-27 y que cuando va a ser fusilada tiene el cuajo de pedirle al teniente que mandará el pelotón que la matará un espejo para retocarse, el teniente no tiene espejo pero a ella le sirve el sable que él porta para la necesidad de estar plena de desafiante sensualidad ante quienes la van a fusilar, puro glamour hasta él último momento, cuando con el negro pañuelo que el teniente le ofrece para velarle la mirada ante el siniestro pelotón ella lo usa para secarle al pobre milite las lágrimas de tristeza ante lo que se ve obligado a hacer. No todos los días te ves obligado a fusilar, enamorado aunque sea de mentira, a un Angel Azul.


A pesar de la lánguida mirada, con guiño incluido, de la Dietrich, o quizás gracias a ella entras en el más bien pequeño pero acogedor y agradable recinto donde piedra y madera, tan viejas quizás como la propia Compostela, se dan la mano, y le dan al Malas Pécoras cierta pátina, solera que aún le añade un punto a la valoración mental que te vas creando del lugar.


El mostrador a la izquierda, en las petreas paredes un espacio para todo y todo bien combinado, algún cartel de viejas películas rockabilly combina con alguna lámina de Tamara de Lempckica, recuerdos que fue dejando algún que otro cliente, en otra pared imágenes con fotos de buenos ratos vividos en el Malas Pécoras, revistas de esas con mucha sesuda letra y poca foto, algunas de humor que nunca vienen mal, sobre todo si es inteligente, viejos periódicos que denotan que no estás en un chunda chunda dispuesto a servirte cualquier cosa con tal de cerrar de madrugada con una buena caja hecha. 

Las hasta hace nada propietarias Isa y Enma ¿malas pécoras?

Al fondo dos hombres juegan a ajedrez, concentrados, en silencio, las propietarias, Isa y Enma o viceversa, que lo mismo te hablan... vaya, que me olvido... te hablaban, de lo último que anda haciendo el fotógrafo García-Alix como de los versos recien escritos por algún poeta, aún desconocido, que pulula por la ciudad escribiéndolos en servilletas. Un chaval al que se le salen las lágrimas cuando le dices que eres vecino del viejo profesor Ferrín en Vigo. Y la música, ese rock and roll eterno, deliciosamente bien combinado por Santi, a un volumen agradable que permite la charla distendida entre la clientela. Se nota siempre un toque femenino, levemente reivindicativo quizás, sin excesos; libertad de expresión en la puerta donde hay un montón de carteles anunciando al visitante actos de todo tipo en el espacio de este eterno Campus Stellae.

Bravos escoceses bailan al ritmo de Mala Herba

Aún quedan, vaya... quedaban... ¿quedarán?, oasis a los que poder acudir sin sentirte anacrónico y perdido, mundos que poco a poco, lamentablemente, van desapareciendo, donde puedes tener una sesuda charla con alguien que sabe más que tu sobre cualquier tema, aulas de la vida que siempre fueron algunos bares y que poco a poco van quedando en el recuerdo, lugares donde aunque se respira cierta intelectualidad en la clientela, también puedes... podías, y  quizás se podrá, vivir una buena fiesta un viernes o un sábado a la noche acompañado de buenos amigos y buena gente. Gente... personas, clientes que parecían (y ojalá lo sigan pareciendo) en algunos momentos formar parte de una misma familia bien avenida.

Musica en vivo a cargo de Mala Herba en el Malas Pécoras

Es la última noche del Malas Pécoras bajo la mano de dos mujeres que de Malas Pécoras tienen más bien poco, que este que suscribe bien sabe de su generosidad combinada con mucha mano izquierda y una buena dosis de caracter para estar al frente de un negocio de este tipo. A saber el por qué del nombre, puro humor suponemos ¿provocación? ¿desafío?. 

Personal del Malas Pécoras al completo: Santi, Rosa, Isa y Enma

Sábado de Carnaval, parece hasta una burla, una broma, que una época ¡17 años! que se dice pronto, haga un alto para seguir en otras manos, en una noche diecisiete años y pico de buen hacer se paran, poco a poco, casi sin que nos demos cuenta, se transforman. 

Mala Herba animando la despedida del Malas Pécoras

Sin embargo entre la clientela no hay tristeza, o si, pero la disimula Don Carnal, y sobre todo el grupo Mala Herba con sus interpretaciones de resonancias galaicas, bretonas, quizás incluso alguna, no recuerdo bien, que te trae a la cabeza la vieja Eire, una lástima que suenen tristes como una despedida, sin embargo se nota, y mucho el buen hacer de unos músicos enórmes. Quizás suenan más que a despedida a renovación, eso aún no podemos decirlo, en la noche del Malas Pécoras de este carnaval hay una alegría difusa en la que se percibe un poso de tristeza. Uno, quizás de natural un tanto nostálgico, tiende a creer que los bares también los hace la clientela, es posible que un mero cambio de titularidad no haga que ésta desaparezca, es posible que se readapte, que todo siga igual, o incluso que cambie para mejor, aunque esto último me temo que es realmente difícil Enma e Isa pusieron el listón realmente alto, habrá que afanarse para lograr superarlas, todo es posible, no hay por qué cerrar la puerta a la esperanza.

Isa con Rosa, otra mala pécora, que junto con otras camareras que por allí pasaron lograron también el siempre agradable ambiente del Malas Pécoras.

Hay un detalle que da buena cuenta del buen hacer durante todos estos años de las Malas Pécoras que lo regían y que por lo visto tan malas no eran, a altas horas del Sábado de cierre se presentaron por allí, aprovechando las carnestolendas, unos clientes ataviados con luctuosos ropajes, lamentando el fin de una etapa, venían como no, con un libro donde quien quiso pudo firmar a modo de despedida para dejarles a las hasta ahora propietarias un recuerdo imperecedero del cariño que sus clientes les profesaron durante todos estos años, creo que fueron muy pocos los que no firmamos, y los que no lo hicieron no fue por un no querer, me temo que más bien fue por un no darse cuenta de la actividad del fúnebre cortejo que lamentaba el pasado que con Enma e Isa se marchaba. También dejaron buena constancia de ese cariño con un ramo de camelias, una tarta con diecisiete velas y bueno, un pequeño pero agradable presente para que se tomen un descanso y un relax a buen seguro bien merecido tras estos diecisiete años de trabajo.

Muy malas pécoras pero me regaló un puro que me fumé paseando por Santiago de madrugada. Gracias.

Nota para quienes buscan buenos bares donde disfrutar un buen rato: el Malas Pécoras seguirá, en la Algalia de Abaixo, en Santiago de Compostela, en otras manos que posiblemente lo llevarán durante otros muchos años a buen puerto, ojalá sea así y por supuesto desde aquí le deseamos a Pablo, su nuevo propietario, la mejor de las suertes en su nueva andadura al frente de este representativo local de la noche compostelana.


¿Un pub motero? no y si, este motero las pocas veces que estuvo por allí se sintió siempre muy bien, por la música y por el buen hacer del personal que hasta ahora lo llevaba y por una clientela que hacía que estuvieses como en casa. Este motero, lamentablemente, ha conocido verdaderos antros que considerandose locales moteros daban pena penita pena, por su escasa cultura de nuestro mundo, por su mal hacer y porque parece que para algunos motero es alguien a quien se le puede sacar alegremente dinero con solo pinchar un poco de rock. El Malas Pécoras lograba que un motero como este que suscribe hablase de tu a tu, y amigablemente, con un juez o un concejal de Compostela, así que no sería justo ponerle al Malas Pécoras una etiqueta, si me obligasen a ponerle alguna creo que le colocaría mejor las etiquetas de cultura, cosmopolitismo, glamour, bohemia, amistad, diversión, buen hacer... quizás alguna más y ni una mala.

Y la fiel clientela no quiso fallarles ni que nadie fallase, que de bien nacidos es ser agradecidos:

Cierran hoy su negocio homónimo. Dejan un montón de amigos/as y una clientela huerfana. Se ruega asistencia a la fiesta de este Sábado, deseandoles que lo pasen muy bien en su vida civil, en la que tendrán el descanso (momentaneo) después de años de aguantarnos.

Así que ya sabeis, si considerais que los buenos locales merecen ser conocidos no dejeis de compartir esta noticia en las redes sociales. Gracias.

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