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18/12/16

Arre moterito, vamos a Belén

Que mañana es fiesta y pasado también. Oh, que bonito, llega la navidad, dulce navidad y comienzan las grandes cabalgatas moteras que se supone, se supone, harán felices a los niños de todo el orbe viendo pasar ante su ojos a papás noeles en moto con unos atuendos que la verdad, si eres niño y aún crees en esas cosas, se te cae el alma a los pies de pura pena.

La verdad es que me importa un carajo que la peña se apunte a este tipo de cosas "porque es navidad"; de hecho yo estuve en alguna, no se puede hablar sin conocimiento; con todo su golpe solidario de llevar un kilo de garbanzos, un litro de aceite o un juguete, más que nada, para descargar conciencias, no vaya a ser el diablo que la gente normalita y corriente piense que somos una especie de monstruos que comemos niños a diario, así quedamos bonito y buenos mientras lanzamos caramelos desde nuestras motos a esas pobres criaturas que creen en un papá noel que viaja en un trineo con renos vestido de rojo Coca Cola y les destrozamos una ilusión que solo les durará unos poquitos años y que justo cuando empiecen a perder la inocencia se les irá de golpe para convertirse en los cabroncetes (o no, hay excepciones) que serán en el futuro. Y eso cuando el tinglado no lo monta, con colaboración de moteros incluida, una marca comercial, unas galerías llenas de tiendas, una marca de motos o cualquier cosa similar.

El Sr. Santa Claus de Rovaniemi (Finlandia)

Imaginemos la película: niño que cree en Papá Noel, en un Papá Noel que vive en un remoto lugar por encima del Círculo Polar Ártico (concretamente en Rovamiemi, Finlandia), que sabe con toda la seguridad del mundo que ese hombre sale de allí la noche del 24 de Diciembre para repartir regalos por todo el orbe montado en su volador trineo con el reno Rodolfo como guía. Ese niño va con su mamá por cualquier calle de nuestras ciudades y de repente... pasan ante sus inocentes ojos cien, quinientos o sietemil tipos haciendo un barullo infernal vestidos de papás noeles, pero no bien vestidos ¡Qué va! todos con cutre trajes comprados en los chinos, cascos, etc. y más bien desaliñados, trajes que llevan siete u ocho papanoeladas ¡y sin lavar! Trajes que quedan pequeños, trajes que quedan grandes, trajes rotos, barbas postizas que se salen del sitio y al medio kilómetro están en la nuca del piloto y copiloto, en fin, pobre crío ¿os imaginais las preguntas que tendrán que responder sus papás? Vamos, que si el crío, pongamos de tres años, iba a creer en la magia de Santa Claus hasta los siete u ocho años se le terminó ese día, si claro, los padres le dirán, piadosos, que son papás noeles de broma pero ahí empieza la sospecha, el saber que alguien te engaña, ya no digamos si al lanzar un caramelo le pega en un ojo, ese pobre crío, con dieciocho años se compra una escopeta y al que vea vestido de rojo le mete una perdigonada de posta lobera.

Todo esto además, para "vivir la navidad" sin tener para nada en cuenta que la navidad es una fiesta católica tremendamente desvirtuada, pero católica, en la que cada tontería navideña que realizamos redunda en beneficio de monseñores, papa y demás ralea vaticana que a la mínima aprovecharán para hacerle saber al politiquillo vendido de turno el poder de la iglesia. 

-Mira, imbécil, todos esos creen en lo que nosotros decimos
-que va, si van de coña vestidos de papas y mamás noeles
-verás tu como digamos la frase adecuada desde el púlpito, te quedas sin votos.

Y el político cagado.

Navidad pura y dura, el resto... invento comercial.

Una fiesta católica que contempla únicamente dos fechas festivas: el Día de Navidad y el Día de Reyes, días con sus cultos y liturgias propias a las que ni uno solo de estos papás noeles moteros asistirán porque "no creen en eso", muchos bautizarán niños, se casarán por la iglesia, etc. pero... no creen en eso. Creen en un Papá Noel, absurdo, inventado para mayor gloria del comercio y del consumo más estúpido que pueda existir, creen en seguir perpetuando lo que hace años reinventó una multinacional de refrescos y hoy se llevan calentito las fábricas de perfumes. Quizás ni eso, simplemente vamos a esas chorradas porque es divertido, porque lo pasamos bien y porque no hay nada mejor que hacer en invierno con una moto, al fin y al cabo son rutas urbanas donde te ríes mucho y no pasas demasiado frío, aunque eso si, perpetúa la existencia de un mito absurdo y consumista que hasta la fecha nada bueno trajo a la humanidad.

O si, porque después están los ToyRun y todo eso, que viene a ser más de lo mismo, y en muchos casos (no siempre, claro, no es bueno generalizar) un rollete curioso de soy malo malote todo el año pero eso si, mira tu, en Navidad voy a ser bueno y le voy a llevar unos juguetitos a los niños pobres y trescientos kilos de arroz y garbanzos a sus padres (también algo de aceite), que no está mal oye, más vale ser bueno un día al año que no serlo nunca en toda la vida, a eso normalmente se le llama hipocresía y cada quien lava su conciencia, y su cara ante la sociedad, como quiere y puede. 


Después, pasado el día de Reyes, que ya volvemos a la vida normal, vamos y nos pegamos o amenazamos al club X o Y por una majadería, que es que resulta que nos llevamos fatal, aquí en Galicia, en Madrid, Barcelona o Huetor Tajar (esto está en Granada), por una sandez que sucedió en Minnesota, Las Vegas u Oklahoma allá por los años cincuenta o sesenta, eso si, lo hacemos para proteger y colaborar con nuestros hermanos de aquellas cercanas tierras, a los que no conocemos (ni conoceremos), y para que nuestros hermanos de USA, Australia o ya puestos Japón, tengan mayor gloria, le partimos la cara (o dejamos que nos la parta) al que hace no mucho era nuestro colega de Moratalaz, de Lugo, o de nuestra misma ciudad. Con un par, que Papá Noel ya quedó atrás y hemos cambiado el chip, ahora en lugar de llevar juguetes al niñito pobre le metemos unas hostias (o amenazamos) a uno con el que no hace mucho tiempo tomábamos cervezas en las concentraciones cercanas. 

Noche de paz, noche de amor, campana sobre campana y sobre campana una sopa de hostias y un kilo de lentejas sin nada de amor (las lentejas si, esas van con todo el amor del mundo, el melocotón en almibar no, que va más caro, y vamos a regalarle al pobre una botella de Chivas por los cojones). Maravilloso.

En fin, en Navidad... Hacia Belén va una moto burrum burrum, yo me remendaba yo me remendé, yo me lavaba la conciencia yo me la lavé. Cuando pasen Reyes me voy a una carretera con curvas guapas a tumbar a ciento y no se cuantos por hora y si me llevo por delante a una familía, con niños y todo, que se jodan, o si tengo que matarme a sopapos, con bates de beisbol y puños americanos incluidos, con unos que no hace mucho eran mis colegas, pues oye, de puta madre, ya después en la Navidad siguiente nos disfrazamos de papánoel, lanzamos caramelitos desde nuestras motos, repartimos unos juguetes y aquí paz, noche de paz noche de amor, y después gloria.


Una sugerencia, podeis organizar también una KingsRun (para los que os mola todo en inglés) o si eso, en plan más tradicional una Cabalgata Motera pero de Reyes Magos, tendría mucho más colorido, podrían ir varios negros de color en el medio ¡Qué nadie vaya a decir que los moteros somos racistas, coño!, aunque fuesen pintados como hacen los ayuntamientos. lo pasaríais bien y vamos, ni el ariel atómico para lavar conciencias y quedar bien ante el público en general.

Advertencia: no va por todos, que hay gente, mucha, "de buena voluntad", allá cada quien que se sienta aludido, con su pan se lo coma.

Paz y amor, feliz Navidad y si eso el día siete de enero ya volvemos a las andadas, como siempre, a ver con quien toca llevarnos mal y tal.

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